Esta foto refleja una niña. Una niña que desde sus primeros años de vida vivía la vida con una intensidad sorprendente. Con una intensidad que no dejaba indiferente a los demás. Que lloraba, que gritaba, que reía , que sonreía, que se enfadaba, pero siempre al cien por cien. No era capaz de reaccionar a medias nunca. Por eso cuando sufría lloraba y lloraba y cuando algo le hacia feliz era incapaz de no sonreír , pegar saltos y reírse muy fuerte.
Esta niña fue creciendo hasta que al llegar a la adolescencia se topó de frente con la palabra: INTENSA.
Al principio luchaba por ocultarse de esa palabra. La odiaba ¿Ser intensa significa cansar a los demás ?
¿Se significa buscar el foco? ¿Significa sufrir de mas? ¿Significa ser una rallada? ¿Una pesada?
Yo no soy una intensa, yo no quiero ser eso. Solía decir. Sin embargo, siempre acababa en el mismo sitio, dándose cuenta de que efectivamente ella era una persona intensa y no era capaz de huir de esa estúpida palabra, la iba acabar atrapándo.
¿Porqué me ha tocado ser así de intensa? ¿Porqué a mi y no a otros ? Cargar con el peso de la intensidad se le hacía insufrible.
Fue entonces cuando el destino le hizo toparse con la persona adecuada. Un día decidió abrir su intimidad y hacerle la pregunta a un monitor de su campamento.
-Alfonso , ¿Tu crees que yo soy intensa?
A lo que el contesto
-Claro que si.
Su respuesta le rompió el corazón , era verdad ,el resto lo notaba, ella era muy intensa. Pero al seguir escuchando una sonrisa se esbozo en sus labios.
-Claro que eres intensa, pero eso es lo que te hace especial, la gente te quiere precisamente por ello. Es uno de tus mayores dones.
¿Cómo iba a ser eso un don? Aquella niña guardo esas palabras en su corazón, hasta que comprendió la grandeza de su don.
La intensidad era su mayor don. El sufrir tanto, el disfrutar tanto, el reír tanto , el amar tanto , el sentir tanto era lo que le hacía única.
La sociedad nos ha hecho creer que la intensidad siempre es mala. Sin embargo, la intensidad esta cargada de belleza.
Aquellas personas que se les eriza la piel ante una imagen cargada de amor. Aquellas personas incapaces de no soltar una pequeña lágrima durante una película. Aquellas personas que ríen hasta que les duele la barriga por una tonta broma. Aquellas personas que se pasan las noches dándole vueltas y vueltas a un tema sin poder dormir. Aquellas personas que ante el sufrimiento se refugian en el suelo del baño y lloran y lloran soltando en forma de lágrimas ese intenso dolor. Aquellas personas capaces de dar todo , todo por aquellos a los que aman. Aquellos que notan en los pequeños matices sufrimientos ajenos. Aquellos que no tienen miedo de cantar , saltar y correr cuando su corazón se llena de alegría. Aquellos que saben que son intensos, abrazan su intensidad y se enorgullecen de ello. Son los capaces de cambiar el mundo.
Muchas veces sufren al no recibir de vuelta ese amor intenso. Sufren ante las dificultades que resuenan como un altavoz en su corazón. Sufren al no ser comprendidos por los demás.
Sin embargo, son capaces de ver que esas consecuencias son fruto de un don inmenso. El don de sentir intensamente.
Esa niña al crecer y encontrar belleza en esa palabra de la que no paraba de huir. Se acepto y gracias a ello nació en su corazón otra preciosa palabra : AUTENTICIDAD.
La intensidad y la autenticidad ahora son sus mayores armas y son aquello que la identifica en gran medida.
¿Porqué os cuento la historia de esta niña? Quizás en un futuro nuestras aulas encontremos millones de niños como ella. Niños que no saben lidiar con su gran intensidad de corazón, que aún no son conscientes de su don y por ello no comprenden porque muchos de sus compañeros les llaman :Pesados, lloricas, exagerados... Que importante es acompañar, es amar su diferencia, es hacerles ver la preciosidad de su don.
Porque si esa niña nunca se hubiese topado con aquel monitor, a día de hoy seguiría pensando que esa intensidad le hacia peor persona. ¿Seremos nosotros aquel monitor, en la vida de otros tantos niños?
En nuestra mano esta.
Acabo de leer tu entrada y me ha emocionado mucho. La historia de esa niña tan intensa está contada con tanto cariño y verdad que es imposible no sentirse identificada (o al menos removerse por dentro).
ResponderEliminarMe ha gustado especialmente cómo pasas de odiar la palabra “intensa” a abrazarla como un don. Creo que muchas personas (yo incluida) hemos sentido alguna vez que nuestra forma de sentir las cosas “demasiado” era algo malo, algo que cansaba a los demás o que nos hacía diferentes de una forma negativa. Tu texto me ha ayudado a verlo de otra manera: la intensidad no es un defecto, es una forma profunda de estar en el mundo.
Las personas intensas tienen una gran capacidad de amar, de empatizar y de disfrutar la vida, pero también pagan el precio de sufrir más fuerte. Por eso es tan importante lo que planteas al final: como futuras maestras, podemos ser ese “Alfonso” para muchos niños. Podemos ser las personas que les ayuden a entender que sentir tanto no les hace peores, sino más vivos y auténticos.
Me parece precioso que hayas conectado esto con el aula. Seguro que en nuestras clases vamos a encontrarnos con niños que lloran “demasiado”, que se emocionan “demasiado” o que hablan sin parar porque todo les apasiona. Ojalá podamos acompañarlos para que no tengan que esconder su intensidad y aprendan a verla como una fortaleza, tal como tú describes.
Gracias por compartir esta reflexión tan personal y tan bonita!!
muchas gracias ! Me hace mucha ilusión que te haya gustado tanto ,super de acuerdo contigoo:)
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